Hace un tiempo fui a un cine que forma parte de una especie de complejo futurista (en el sentido más nazi de la palabra), que la humanidad construyó en Recoleta. Elegí ese barrio porque, en aquellos días en los que necesito dejar de pensar en mis asuntos, me gusta practicar la astronáutica social y ver cómo es la vida en otros planetas. Fui a ver una película italiana muy interesante llamada Habemus Papam, la cual cuenta la historia de un señor mayor vestido de señora que es elegido “Sumo Pontífice” por otros señores mayores vestidos de señoras, y que en el momento de dar su discurso apoteótico, decide escapar a la ciudad y participar de orgías con animales de la sabana africana.
En cuanto entré a la sala pude notar que se encontraba completamente llena, y para mí, cuyo sueño en esta vida es ir al cine y ser el único espectador de la función (no me gustan los desconocidos), fue como recibir una patada en los testículos. Pero la sala llena no fue lo más perturbador, sino que además pude contemplar con horror que todas las butacas (menos la mía) estaban ocupadas por la membresía completa de la Liga de Damas Ultrareligiosas, Derechistas y de Vagina Clausurada (L.D.U.D.V.C.). Haciendo uso de mi entrenamiento ninja intenté el truco de la invisibilidad mientras me dirigía a mi butaca, pero fue en vano. No podía concentrarme porque, por alguna razón, las señoras de la L.D.U.D.V.C. me miraban fijo, algunas con desdén, otras con consternación y muchas de ellas con el odio más esencial.
Soy un tipo bastante sobrio en cuanto a mi apariencia, quiero decir, no me visto de hippie, ni llevo puesta la boina del Che, y toda la monstruosidad de la que soy capaz está impecablemente oculta detrás de una perfecta fachada de normalidad. Por eso es que no podía entender qué era lo que les llamaba tanto la atención de mi persona, salvo el hecho de tener pene y ellas no, aunque francamente dudaba que las señoras tuvieran conocimiento de la existencia del miembro viril.
Logré sentarme en mi butaca sin tirarme al suelo en posición fetal a llorar como un bebé (no hay nada más pesado que la mirada de odio de una vieja que se cosió a sí misma la vagina como parte de un oscuro ritual religioso). Faltaban diez minutos para que apaguen las luces de una puta vez y se termine mi tortura, pero en esas condiciones diez minutos equivalen a un milenio. La arpía que estaba sentada a mi derecha comenzó a escanearme la remera con los ojos desorbitados de furia e incredulidad y, una vez que obtuvo suficientes datos, se puso a cuchichearle al oído a su compañera, haciendo con su boca un sonido similar al que hace el ajo siendo machacado en un mortero. Me miré la remera sospechando alguna mancha de vómito propio o sangre ajena y ahí entendí.
Tengo una remera de la Universidad de Miskatonic que diseñé yo mismo y mandé a imprimir. Para aquellos que no saben de qué se trata, estamos hablando de parafernalia lovecraftiana del índole más geek. No es precisamente una remera satánica, salvo por el detalle de un pentagrama sumamente pagano, con un ojo bastante diabólico en el medio. Pero nada más que eso.
Esa tarde yo tenía puesta esa remera.
La oscuridad del cine arrojó un manto de piedad sobre la situación por demás incómoda. La película logró captar la atención de las sacerdotisas maquiavélicas, aunque en las escenas en las que, por ejemplo, el protagonista intentaba montarse analmente a una hembra de cocodrilo, se miraban unas a otras, despistadas como niñas de cinco años.
En cuanto terminó la escena final, en la que el protagonista se rocía con kerosén, se prende fuego y se dispara desde una catapulta medieval al grito de “¡Deus ex machina, hijos de puta!” (escena muy bien lograda a nivel de efectos especiales), me paré raudo, hice estallar una de mis bombas ninja de humo contra el piso y escapé por los ductos.
A veces dudo mucho con respecto a qué ropa ponerme para determinadas situaciones. Una camisa ¿estará bien como para un cumpleaños? Un jean, ¿será demasiado informal como para un asesinato en serie? Pero lo que menos iba a imaginarme fue que una tarde de cine, mi remera favorita me iba a poner tan cerca de la hoguera que pude sentir el calor de las llamas en mi cara.
viernes, febrero 17, 2012
martes, febrero 14, 2012
Fantasma
Un fantasma es un residuo patológico.
Un resto que se rehusa a restarse.
Es la sublimación ectoplásmica de la frase “vos vivís y yo no”.
Y cuando te toca con su mano desabrigada, nunca te está acariciando.
Está tratando de recordar quién es el vivo y quién es el muerto.
miércoles, febrero 01, 2012
La Alarmante Verdad Oculta Detrás de la Tecnología No-Frost
La tecnología no-frost es aquella que impide la acumulación de escarcha dentro de un freezer. Cualquier dueño de una heladera con estas características podrá comprobar que la escasa escarcha que llega a formarse en el piso y las paredes del cubículo, desaparece misteriosamente en minutos. Intrigado acerca del destino de toda esa humedad, ya que de acuerdo a Lavoisier la materia no se crea ni se destruye sino que se transforma, decidí llevar a cabo una pequeña investigación. Observaciones exhaustivas, análisis espectrográficos y un par de cámaras de video estratégicamente colocadas dentro de mi heladera, arrojaron perturbadores resultados:
Mediante un sistema de ventilación colocado dentro del freezer, el cual puede observarse en la pared trasera del mismo, la escarcha es evaporada y, a través de unos conductos, nuevamente transformada a su estado líquido. El agua destilada, producto de este primer proceso, cae por acción de la gravedad a la parte inferior del aparato y llega hasta la misteriosa “Unidad G” de la heladera.
La Unidad G, a simple vista una caja metálica de veinte centímetros de lado y con rendijas en las paredes laterales es, ni más ni menos, un cubículo habitado por grillos. El agua obtenida en el proceso anteriormente mencionado se acumula en un reservorio que funciona como bebedero para estos insectos, los cuales la consumen sin dejar rastro de ella. En ausencia de otro alimento, los grillos recurren al canibalismo; los especímenes más fuertes se comen a los más débiles. Y es este el aspecto más alarmante de todo el asunto, el cual los fabricantes de heladeras tratan de ocultar mediante una conspiración a escala global: dentro de la unidad G los grillos sobrevivientes se reproducen entre ellos, engendrando generaciones cada vez más poderosas.
De acuerdo a mis cálculos, es inevitable que de aquí a quince años, en alguna de todas las heladeras no-frost del mundo, el producto de esta selección natural desenfrenada sea un individuo perfecto de la especie. Un grillo ideal con capacidades extraordinarias, que escapará de la Unidad G y extinguirá a la raza humana, lo cual lógicamente detendrá la producción de heladeras y, por ende, liberará a todos los grillos del yugo de la esclavitud no-frost.
Para los grillos este individuo será considerado un mesías. Para la humanidad será el anti-cristo. Para el universo será, sencillamente, un grillo grande.
Mediante un sistema de ventilación colocado dentro del freezer, el cual puede observarse en la pared trasera del mismo, la escarcha es evaporada y, a través de unos conductos, nuevamente transformada a su estado líquido. El agua destilada, producto de este primer proceso, cae por acción de la gravedad a la parte inferior del aparato y llega hasta la misteriosa “Unidad G” de la heladera.
La Unidad G, a simple vista una caja metálica de veinte centímetros de lado y con rendijas en las paredes laterales es, ni más ni menos, un cubículo habitado por grillos. El agua obtenida en el proceso anteriormente mencionado se acumula en un reservorio que funciona como bebedero para estos insectos, los cuales la consumen sin dejar rastro de ella. En ausencia de otro alimento, los grillos recurren al canibalismo; los especímenes más fuertes se comen a los más débiles. Y es este el aspecto más alarmante de todo el asunto, el cual los fabricantes de heladeras tratan de ocultar mediante una conspiración a escala global: dentro de la unidad G los grillos sobrevivientes se reproducen entre ellos, engendrando generaciones cada vez más poderosas.
De acuerdo a mis cálculos, es inevitable que de aquí a quince años, en alguna de todas las heladeras no-frost del mundo, el producto de esta selección natural desenfrenada sea un individuo perfecto de la especie. Un grillo ideal con capacidades extraordinarias, que escapará de la Unidad G y extinguirá a la raza humana, lo cual lógicamente detendrá la producción de heladeras y, por ende, liberará a todos los grillos del yugo de la esclavitud no-frost.
Para los grillos este individuo será considerado un mesías. Para la humanidad será el anti-cristo. Para el universo será, sencillamente, un grillo grande.
sábado, enero 21, 2012
El Mundo Más Fácil del Mundo
¿Quién dijo que el mundo de hoy es difícil? Es facilísimo.
¿Nos sabés qué comer? Encendé la tele. Hay un comercial de McDonald’s donde las hamburguesas se desnudan para vos y te susurran al oído “comeme, te juro que voy a llenar ese vacío interior que te viene matando hace años”.
¿No sabés qué ponerte? Encendé la tele. Hay varios programas que te dicen que si usás esa camisa jamás vas a tener sexo en tu vida. Y ese pantalón… Si lo seguís usando nunca vas a ser amado por nadie. Ni por tus propios hijos.
¿No sabés a quién votar? Encendé la tele. Una multitud de hombres sonrientes, pero de gestos y voces que denotan una gran decisión y una fuerza de voluntad férrea, te están diciendo en clave morse “votame, quiero y puedo ser tu padre”.
¿No sabés qué tipo de mujer debería parecerte linda? Encendé la tele. Hay un desfile de plástico ambulante y sonrisas de poliéster. Todas ellas clones de clones de clones. Fotocopias de fotocopias de fotocopias. Y si sos mujer y no te ves parecida a ellas, también es fácil. Podés someter tu cuerpo a mil y un cortes de precisión, o rellenarte el pecho con dos bolsas de plástico, o inyectarte botulismo en la cara. O también podés vomitar hasta morirte.
¿No sabés qué sentir? Encendé la tele. No es bueno que los sentimientos no tengan guía y control. Es muy peligroso. Y ¿quién mejor que la tele como brújula de nuestro corazón? Hay un montón de publicidades que te van a hacer reír, llorar, cantar, comprar, comprar y comprar.
Es un mundo facilísimo. No debería ser difícil para nadie. Desde que nacemos nos hipnotizan para que sintamos y hagamos exactamente lo que ellos quieren, porque es lo mejor para nosotros. Y si te genera ruido la idea de ser violado mentalmente por el discurso de los que saben mejor que vos lo que necesitás, también es fácil. Hay un montón de pastillas que te van a hacer sentir más predispuesto a sonreír y obedecer. Es por tu bien. Hasta hay pastillitas para los chicos ahora! Es una belleza este mundo.
Vivir dormido es maravilloso. La hipnosis es seguridad. Porque sino ¿cuál es la alternativa?
Apaga la tele. Abrí los ojos. Agarrate.
¿Nos sabés qué comer? Encendé la tele. Hay un comercial de McDonald’s donde las hamburguesas se desnudan para vos y te susurran al oído “comeme, te juro que voy a llenar ese vacío interior que te viene matando hace años”.
¿No sabés qué ponerte? Encendé la tele. Hay varios programas que te dicen que si usás esa camisa jamás vas a tener sexo en tu vida. Y ese pantalón… Si lo seguís usando nunca vas a ser amado por nadie. Ni por tus propios hijos.
¿No sabés a quién votar? Encendé la tele. Una multitud de hombres sonrientes, pero de gestos y voces que denotan una gran decisión y una fuerza de voluntad férrea, te están diciendo en clave morse “votame, quiero y puedo ser tu padre”.
¿No sabés qué tipo de mujer debería parecerte linda? Encendé la tele. Hay un desfile de plástico ambulante y sonrisas de poliéster. Todas ellas clones de clones de clones. Fotocopias de fotocopias de fotocopias. Y si sos mujer y no te ves parecida a ellas, también es fácil. Podés someter tu cuerpo a mil y un cortes de precisión, o rellenarte el pecho con dos bolsas de plástico, o inyectarte botulismo en la cara. O también podés vomitar hasta morirte.
¿No sabés qué sentir? Encendé la tele. No es bueno que los sentimientos no tengan guía y control. Es muy peligroso. Y ¿quién mejor que la tele como brújula de nuestro corazón? Hay un montón de publicidades que te van a hacer reír, llorar, cantar, comprar, comprar y comprar.
Es un mundo facilísimo. No debería ser difícil para nadie. Desde que nacemos nos hipnotizan para que sintamos y hagamos exactamente lo que ellos quieren, porque es lo mejor para nosotros. Y si te genera ruido la idea de ser violado mentalmente por el discurso de los que saben mejor que vos lo que necesitás, también es fácil. Hay un montón de pastillas que te van a hacer sentir más predispuesto a sonreír y obedecer. Es por tu bien. Hasta hay pastillitas para los chicos ahora! Es una belleza este mundo.
Vivir dormido es maravilloso. La hipnosis es seguridad. Porque sino ¿cuál es la alternativa?
Apaga la tele. Abrí los ojos. Agarrate.
martes, enero 17, 2012
Morse
En su lecho de muerte pregonaba apocalípsis.
No con su boca sino con el código morse de su parpadeo.
Multitudes melancólicas lo rodeaban en su agonía final
decodificando fechas, maremotos y cometas.
Algunos anotaban, otros sollozaban en silencio.
Madres se aferraban frenéticas a sus hijos,
casi asfixiándolos en herméticos abrazos pre-mortem.
Amantes se separaban para siempre
pues el amor perdía sentido sin el espejismo del tiempo.
Y él, que toda su vida había estado solo,
cosechó como corte fúnebre a una masa lamentosa
gracias a las mentiras de sus ojos moribundos.
No con su boca sino con el código morse de su parpadeo.
Multitudes melancólicas lo rodeaban en su agonía final
decodificando fechas, maremotos y cometas.
Algunos anotaban, otros sollozaban en silencio.
Madres se aferraban frenéticas a sus hijos,
casi asfixiándolos en herméticos abrazos pre-mortem.
Amantes se separaban para siempre
pues el amor perdía sentido sin el espejismo del tiempo.
Y él, que toda su vida había estado solo,
cosechó como corte fúnebre a una masa lamentosa
gracias a las mentiras de sus ojos moribundos.
jueves, enero 05, 2012
Hombre Fénix
He aquí el ave Fénix:
He aquí el huevo:
He aquí el arquetipo:
He aquí el hombre Fénix.
El que sobrevive entre todo lo que muere
pero muere entre todo lo que vive.
Utópico, distópico,
entrópico, necrotrópico.
Cómo un iceberg en el trópico.
Asoma la cabeza esperando ver
la polvareda que dejan los jinetes
al irse.
He aquí el huevo:
He aquí el arquetipo:
He aquí el hombre Fénix.
El que sobrevive entre todo lo que muere
pero muere entre todo lo que vive.
Utópico, distópico,
entrópico, necrotrópico.
Cómo un iceberg en el trópico.
Asoma la cabeza esperando ver
la polvareda que dejan los jinetes
al irse.
Cárcel
En esta cárcel todos los prisioneros ya están muertos.
Sin embargo el guardia jamás se va a su casa.
No cree que en la muerte haya libertad alguna.
Por eso se queda imperturbable, prisionero de un nudo gordiano
“que solamente el filo de su alma saliendo de su cuerpo podría cortar”.
Eso dicen los poetas, porque él no cree.
Así espera a la muerte: sentado, vigilante e incrédulo.
No la espera para ser libre, porque él no cree.
La espera para saber si desperdició su vida o no.
Nudo que te anuda. Mudo por un nudo.
Mudo, pues la muerte
nos ve a todos desnudos.
Sin embargo el guardia jamás se va a su casa.
No cree que en la muerte haya libertad alguna.
Por eso se queda imperturbable, prisionero de un nudo gordiano
“que solamente el filo de su alma saliendo de su cuerpo podría cortar”.
Eso dicen los poetas, porque él no cree.
Así espera a la muerte: sentado, vigilante e incrédulo.
No la espera para ser libre, porque él no cree.
La espera para saber si desperdició su vida o no.
Nudo que te anuda. Mudo por un nudo.
Mudo, pues la muerte
nos ve a todos desnudos.
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